Sección:
Editorial
Publicado:
2026-04-30

Una enfermedad de la Neonatología

Pedro E Vargas1
1. Consultorios Médicos Paitilla, Panamá, Rep de Panamá;

Autores/as

DOI:

https://doi.org/10.37980/im.journal.rspp.es.20262770

Palabras clave:

prematuridad, sindrome de dismadurez, mortalidad, viabilidad

Resumen

Patrick Kennedy Bouvier murió a la edad de 39 horas, en la Sala de Cuidados Intensivos Neonatales, del Boston Children’s Hospital, el 9 de agosto de 1963. Su gestación era de 34 semanas, su peso de 1,860 gramos. Él formó parte de ese 50% de la mortalidad neonatal en los Estados Unidos en esos años. Hoy, esa mortalidad está por debajo del 2%, en el mismo país. Ganarle a la muerte prematura, era urgente. Pero hoy, las preocupaciones de quienes hacemos el cuidado intensivo neonatal, son otras.

 

Es necesario que, una vez más, tengamos la prudencia de no aspirar a cifras similares con instrumentos disímiles, primero resolvamos el asunto de los instrumentos y recursos, tecnológicos y humanos, que nos retrasan para alcanzar resultados similares, como en otras latitudes. No es un asunto de optimismo o pesimismo, es un asunto ético.

El otro elemento de singular importancia es el costo del cuidado intensivo neonatal, cuyas cifras astronómicas empeñan la vida de las familias. No tengo cifras de esos costos en los hospitales públicos nacionales, pero la precariedad de los recursos materiales no permite disminuir la mortalidad y aumenta la morbilidad.

Existe una preocupación de mayor importancia, como resultado del cuidado intensivo perinatal, que incluye el entusiasmo de los neonatólogos, la nueva enfermedad que engendran el afán por seguir bajando la edad fetal de la viabilidad, y los avances de una tecnología que, inconsulta, puede resultar en obscena, el Síndrome de Dismadurez.

 

La viabilidad del feto humano no es un número récord, no es una medalla ni una condecoración, no es un aplauso o un reconocimiento. No, no es nada de eso. La célula humana tiene límites biológicos, tiene su propia canción. La formación de órganos y su función tienen transformaciones secuenciales que señalan diferenciación y función. Esta secuenciación, cuando interrumpida, altera la subsiguiente fase de desarrollo, la reprogramación produce cambios estructurales a nivel de tejidos y órganos creando riesgos para el feto que sobrevive, algunos conocidos, quizás la mayoría desconocidos y, los intentos de revertir postnatalmente estos daños a la programación pueden no surtir el efecto deseado o, incluso, victorias pírricas. Ese límite biológico no lo traza mi habilidad, ni siquiera la tecnología, lo traza la célula y lo descubre el tiempo, mucho mayor que lo que dura una hospitalización neonatal.

Las interrupciones a esa secuencia del desarrollo fetal crean vacíos o largos paréntesis en el desarrollo, que no pueden recuperarse, no importa cuánto entusiasmo y dedicación le pongamos al cuidado del prematuro muy inmaduro y enfermo. La interrupción prematura de la gestación es la interrupción de la secuencia del desarrollo fetal, que entre más temprano ocurra, más extensa es la restricción del desarrollo normal.

Frente a los límites de la viabilidad no se suelen hacer estas consideraciones, solo se hacen consideraciones de sobrevivencia. Grave aproximación al éxito del cuidado neonatal. Optimizar los resultados implica reconsiderar las terapias de prevención desde el útero materno, como el uso de corticoides antenatales, potentes moduladores epigenéticos: cuál, cuánto, desde cuándo; y las formas de rescate del prematuro, farmacológico y tecnológico, confiados en la elasticidad del cerebro o el crecimiento celular de órganos vitales, como los pulmones, el corazón y los riñones, que ahora será diferente y programa enfermedad y años de vida.

El neonatólogo debe afrontar la evidencia que la ciencia le provee, conceder a la probabilidad razonable, no esperar hacer posible lo imposible. Ya lo advertía en 1970, el Dr. Hans de V. Heese: “el propósito nuestro debe ser, no solamente reducir la mortalidad, más importante, asegurar una sobrevida con funciones motoras y mentales intactas”.